
Los ‘guarros’ la han vuelto a liar en Barcelona. Para indignación de los catalanes de bien, su otrora esplendorosa Ciudad Condal se ha convertido en el feudo de las baladronadas de piojosos con representación en el neotripartido. Así las cosas, para resolver la problemática
okupa propongo que acuda
Joan Saura, brindándoles diálogo civilizador, mucho talante y cobijo en el Palacio de la Generalidad. En una palabra: ¡Diálogo! ...que gritaba la
Nierga. Mucho diálogo y mucha diversión; consecuentemente: poca policía.
Semejante turba greñuda y
okupa, no contenta con ensuciar y achicharrar a su paso, sermonea al personal:
"Queremos que la población se dé cuenta de la mafia que hay en Cataluña y en la Península en el ámbito de la construcción". La población ya sabe todo esto ¡gentuza! Sólo hace falta lee

r EL MUNDO, Libertad Digital o sintonizar la COPE para percibir que en El Carmelo la corrupción fue directamente proporcional a la fragilidad del material empleado, e inversamente a los dictámenes que aconsejaban no horadar aquel terreno. Por otra parte ¿Dónde estabais vosotros cuando el pueblo se quedaba sin casa en
El Carmelo, guarros? Seguramente de resaca pos tajada, estadio final de una fiebre del sábado noche
okupa que culmina con un éxtasis psicotrópico al calor de contenedores ardientes. ¿Y vosotros pretendéis despertar conciencias? Aquí lo único que permanece despierto, por vuestra culpa, son los vecinos que contemplan asombrados –y ‘acongojados’desde sus balcones– como los escaparates, señales de tráfico y demás mobiliario urbano es arrasado tras el paso de semejantes ‘despierta conciencias’. ¡Borrachos!
¡La represión es fascismo! suelen gritar los greñudos okupas. Cuestión que debería tener en cuenta
Monti
lla, no vaya a ser que le manden unos comisarios de la Memoria Histérica y la fijación extremo derechista para cotejar su actuación contra estos renglones torcidos del Sistema. No dejando de insistir, como idea final y principal, en lo que indicábamos al principio: que para deshacer tamaño entuerto debe actuar
Joan Saura, prohombre alternativo de bandera revolucionaria alzada, barretina y pecho al aire. Y, por cierto, a tan progresista misión también le puede acompañar
Carod-Rovira, examinando de paso cada una de las pintadas y pancartas que ocupan ventanas y fachadas (con perdón) del lugar usurpado, para que éstas sean expresadas en un políticamente correctísimo catalán.
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