martes, noviembre 01, 2005

MARXISMO, SOCIALDEMOCRACIA, ETNICISMO: de Isidoro a ZP

En su XIII Congreso de Suresnes el PSOE apostó firmemente por dos opciones: confirmar la figura de Felipe González, Isidoro, como Secretario General de los socialistas; y, tomando como modelo la socialdemocracia alemana, poner fin a su ideología marxista. Mas adelante, en los albores del nuevo siglo, el partido socialista demandaba un nuevo liderazgo que reemplazase la evocación podrida del gobierno de González por una alternancia creíble. Así, del XXXV Congreso Federal del PSOE el cabecilla favorecido era José Luis Rodríguez Zapatero: ZP. El Vallileonés (nacido en Valladolid pero criado en León) ganaba a su rival José Bono, Pepe, por una minúscula diferencia de nueve votos.

Ya desde sus inicios, el naciente caudillaje socialista apeló por una nueva manera de gobernar; no en vano ZP era el candidato de la corriente Nueva Vía. Consecuentemente, el primer discurso lanzado por Rodríguez Zapatero a sus camaradas fue un exhorto invocando al ‘cambio tranquilo’, ya que “el socialismo es cambio, esperanza y futuro”. Y el socialismo con ZP, efectivamente, cambió.

Lejos de realizar un recorrido por los constantes desbarros del socialismo zapateril, sirvan como colofón ideológico las últimas declaraciones del secretario de organización del PSOE: José Blanco, Pepiño, anuncia la búsqueda socialista de una formula para "hacer compatible la fuerte identidad nacional de Cataluña" con la Constitución; coincidiendo con el DICTAMEN SOBRE LA PROPUESTA DE REFORMA DEL ESTATUTO DE CATALUÑA del PSOE, donde se dictamina que “es posible un reconocimiento de los elementos identitarios de Cataluña basados en su historia”. Es decir, que el nuevo socialismo voluble de ZP abraza el discurso nacionalista identitario que sostiene que la Constitución del 78 no reconoce ni compatibiliza la identidad e historia de Cataluña. De otro modo ¿qué sentido tendría apelar a ‘compatibilizar’ y ‘reconocer’ la identidad nacional de Cataluña que hace el Dictamen socialista? ¿No están ahora la historia, la lengua y las peculiaridades propias de cada comunidad amparadas por la presente Constitución? El nacional-separatismo, en aras de su insolidario y excluyente proyecto, siempre lo había negado. Ahora y de la mano de ZP, el nuevo socialismo claudicante es corifeo del perenne discurso decimonónico del nacionalismo.

La Constitución en su PREÁMBULO ya protege “a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones”. Es más, en el TÍTULO PRELIMINAR Artículo 2, a la vez que se defiende la indisoluble unidad de la nación español, lo compatibiliza reconociendo “la autonomía de las nacionalidades y regiones”. En su Artículo 3 punto 2º establece que “las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas”, ampliando en su punto 3º “la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección”. Por lo tanto ¿Sostiene el Dictamen socialista que no se cumple la Constitución? ¿En qué lugares, en qué puntos, con qué consecuencias? ¿Cuáles son los agravios que sufren los gobiernos nacionalistas o sus ciudadanos que tan perentoriamente requieren protección estatutaria? Semejantes preguntas y el silencio que las mismas provocan en ZP o Pepiño, son muestra de la insensatez socialista en su desvío o desvarío identitario.

José Luis Rodríguez Zapatero, tras imponerse a Bono y arengando para ganar a la derecha reivindicaba las ideas de: igualdad, libertad y solidaridad. Tres componentes históricamente antagónicos de lo que suponen las ideas nacionalistas que él –arrastrando al PSOE– termina defendiendo.

Terminaré con Unamuno:

“Me resulta ridículo el que el natural de la región A pretenda que se distingue de los de las regiones B, C y D más que éstas entre sí, y lo haga basándose en una etnografía de pacotilla y en una historia de lo más superficial y ligera”

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